Han pasado las fiestas, los campings se vacían y cada año ocurre lo mismo: Mimizan vuelve a ser un pueblo landés. Es el momento del año que preferimos, y del que menos hablamos, seguramente porque hay que haber venido una vez para entenderlo.
El océano está en su mejor temperatura
He aquí la paradoja que los veraneantes de julio ignoran: el Atlántico tarda todo el verano en templarse y alcanza su máximo a finales de agosto y en septiembre. Así que se baña usted en un agua más suave que el 14 de julio, en una playa donde puede contar las toallas con los dedos de una mano.
Una advertencia importante: la vigilancia de los baños se retira progresivamente a partir de septiembre según las playas. Fuera de la zona vigilada, la atención a las baïnes —esas cubetas entre la orilla y la barra de arena— debe ser total. Es la contrapartida de la calma, y no se negocia.
Llegan los boletus
Es el gran placer del final de temporada en el dominio. Tras las primeras lluvias, boletus y hongos salen en el parque, y nuestros huéspedes más curtidos salen por la mañana con una cesta y vuelven con material suficiente para una tortilla.
Le enseñamos los buenos rincones. Dos reglas sencillas: se corta limpiamente sin levantar el musgo, y solo se come aquello de lo que se está absolutamente seguro. En caso de duda, la farmacia de Mimizan sabe identificar una recolecta.
El bosque cambia
La luz baja, pasa entre los pinos en horizontal al final del día, y el parque adopta otro aire. Los animales se dejan ver más: corzos en la linde al amanecer, ardillas por todas partes, y la berrea que se oye a veces a lo lejos en octubre. El parque está clasificado Natura 2000 y la caza está prohibida: en esta época, es precisamente lo que marca la diferencia.
Los senderos alrededor del lago, saturados en agosto, vuelven a quedar prácticamente desiertos. La vuelta completa son unos 13,5 kilómetros y se camina muy bien con veinte grados.
Y todo se vuelve más sencillo
- Se aparca frente a la playa sin dar vueltas.
- Se consigue mesa en el restaurante sin reservar con tres días de antelación.
- Los carriles bici son suyos.
- Las tarifas de temporada baja no tienen nada que ver con las de agosto.
- El mercado del viernes recupera a sus habituales, y da tiempo a charlar con los productores.
Para quién
Para las parejas, evidentemente: La Vigne y sus dos terrazas —una para el desayuno al sol naciente, la otra para la puesta de sol sobre el bosque— cobran todo su sentido en esta época. Para los jubilados que ya no dependen del calendario escolar. Para quienes teletrabajan y alargan la semana. Y para quienes vienen con perro: cincuenta hectáreas sin nadie es difícil de igualar.
Seguimos abiertos más allá del verano, y La Serre tiene chimenea en el salón para esas noches en que uno empieza a pensar en ella.
Reservar directamente en la web le garantiza la mejor tarifa, sin comisión de plataforma, y un interlocutor que conoce la casa. Escríbanos, respondemos rápido.